domingo, 29 de mayo de 2016

Mayami


El puñetero carro se rompe de nuevo. La dirección, las ruedas, el coño de su madre. Siempre es algo. Con lo fácil que era coger el metro en Madrid. No les alcanza el dinero para comprar uno nuevo, así que no queda otro remedio que seguir poniéndole parches al que tienen, y rezar para que no los deje botados una vez más y se vuelvan a perder horas de trabajo y dinero, dinero, dinero. Gracias  a uno de los mejores amigos que se pueden tener en esta vida y este planeta, y que no les cobra por hacerles el arreglo, el carrito sale otra vez andando. Y cada vez que ella o él cogen el expressway para ir a trabajar, el que se queda en casa está rezando para que nada malo pase, que no se ponche una goma entre el endiablado tráfico de la tarde o que ninguno de los locos y locas que andan sueltos chequeando el facebook y haciéndose selfies a 70 millas por hora se atraviese en el camino. Y es que a un año y pico de estar aquí, todavía no les da la cuenta para comprarse un carro cada uno, así que los trabajos que van saliendo tienen que cuadrar muy bien los horarios. Pero hay trabajo. Dicen los que llevan pila de tiempo que antes había mucho más, y mejor pagado, pero 7 años de crisis en España hace que a los recién llegados esto les parezca un paraíso de oportunidades. A pesar de toda la inseguridad, y tener que empezar de cero otra vez, cuando la mayoría de la gente de su edad tiene más o menos la vida encaminada o resuelta. Saben que han venido a partirse el lomo, y a intentar asegurar un futuro mejor para su hija, que desde que llegó, gracias a Dios se ha adaptado muy bien y está sacando A en todo lo que le ponen por delante. Es una bendición tan grande, que a veces se torna en miedo, no puede ser tan perfecta, así que cada vez que deja la ropa regada o dice alguna de las estupideces propias de los 15 años, sienten remordimiento después del regaño o la discusión. Y cómo crece, y qué linda está la cabrona. Saber que en este país hay un chance de que pueda lograr  casi cualquier cosa que se proponga les genera un sentimiento que no se puede explicar con palabras. Igual que reencontrarte con los amigos y familiares que dejaste de ver hace 20 y pico de años, y retomar la misma relación, volver a dar el mismo cuero y formar el mismo relajo, como si todavía estuviéramos sentados en un contén de la Habana, haciendo cuentos y cagándonos de risa cada dos por tres. Solo que más gordos todos,(ellos y tú, ehh) más canosos y con más cicatrices en el carapacho. Pero así es la vida, rápida y feroz como esos aguaceros que caen de repente y acaban cuando menos uno se lo imagina, para dar paso a los atardeceres más bellos del mundo.
Y de pronto, entre todo el cansancio y el stress de esta máquina de moler carne que es el yuma, vuelve a ser viernes por la tarde, y los amigos, primos y vecinos están en el muelle, y vamos todos a comprar cerveza (hay una oferta muy buena en el mercado de la esquina, donde las cajeras saben quién eres y te llaman por tu nombre), y carne, carne, siempre carne cojones, oíste Fidel? CARNE!!! y montamos un barbecue mientras vemos cómo se pone el sol y se iluminan todos los edificios del downtown y las mansiones de los millonarios de la isla de enfrente, y poco a poco, dulcemente borrachos, nos vamos dando cuenta una vez más de la suerte que tenemos de estar aquí por fin, en esta ciudad construida por tanta gente igualita que nosotros, que llegó huyendo un día dejando todo detrás y sorteando tiburones, custodios de aeropuerto o mítines de repudio.
Una ciudad adolescente aún, un pueblo donde quizá todavía sea posible, a lo mejor, poner el huevo.





miércoles, 25 de mayo de 2016

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¿Que para qué me hago un blog a estas alturas?
 Pues porque poco a poco y como a empujones, voy terminando un nuevo disco. Una colección de 12 canciones en las que llevo trabajando desde el 2013. Vicisitudes varias (la crisis en España, un súbito viaje a la Habana donde di par de concierticos -uno de ellos con mitin de repudio incluido-, otros viajes no tan súbitos a Miami, New York y Bogotá, sitios todos donde me lo pasé muy bien cantando y, finalmente, una vertiginosa mudanza hace ya año y medio desde Alcorcón hasta Miami) han ido enriqueciendo, puliendo y demorando el resultado final. Como siempre que me meto a hacer algo de ésto, me parece que el esfuerzo merece la pena, pero en fin, eso lo tendrán que decidir ustedes. Sí, ustedes mismos, los que no sé por qué extraña razón  siguen interesados en escuchar mis canciones. Dado el estado actual de la industria discográfica (jejeje), y de todo en general, no sé todavía qué coño voy a hacer con el disco cuando por fin lo termine, pero ya por aquí les iré informando. Y  de paso, creo que escribiré mis recuerdos sobre algunas cosas,  porque para sorpresa mía, desde que llegué a Miami a cada rato me encuentro con gente que me reconoce, en los sitios más insospechados, algunos me hablan muy bien de mi trabajo y (esto es lo más increíble) de lo importante que ha sido alguna canción compuesta por mí en algún momento de sus vidas, cosa que me hincha de gozo, satisfacción y vergüenza, y me decide a contar algunas batallitas de antaño, como aderezo de las nuevas que pronto verán y escucharán.
Pues eso, aquí estamos...En los Mayamis, de frente y luchando!